16 enero, 2013

Ser o no ser

 Uno de los mejores repartos de la historia del cine, capaz de convertir la retranca, la astucia, incluso una perilla, en un modo de sobrevivir. El último gran trabajo de Carole Lombard que, tras terminar la película, murió en un accidente de aviación. Filmada por un tipo capaz de convertir los diálogos en regates. Ser o no ser. Ernst Lubitsch. 1942.

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 Mientras Hitler invade Polonia y destruye todo a su paso, los actores de reparto de un pequeño teatro de Varsovia ofrecen sus mejores papeles en el mundo real. Dejan de representar "Hamlet" debido a la guerra y se involucran por azar en un enredo de espionaje que traslada la simulación de la farándula a una realidad en la que la Gestapo es la protagonista. Se convierten en rebeldes que rechazan al invasor con su mejor herramienta: la actuación.

 Ernst Lubitsch dirige esta película con un guión asombroso y tan sobrado de ingenio que convierte los dobles sentidos en triples. La ironía tiene aquí una pelea deliciosa con el sobreentendido. Repletas de giros impensables e impredecibles, todas las escenas descolocan por igual a personajes y espectadores. Es alucinante ver cómo Shakespeare puede servir para derrotar y, sobre todo, ridiculizar a Hitler, o cómo un monólogo de Hamlet puede ser una llamada al amor o a la infidelidad. Una famosa sentencia afirma que Lubitsch consigue más con una puerta cerrada que la mayoría de los directores con una bragueta abierta. Su estilo narrativo consiste en eliminar las escenas presuntamente importantes, obligando al espectador a participar y deducir lo que se le oculta. Convierte en elocuente precisamente lo que escamotea. El espectador rellena esos huecos con su imaginación: crea lo que no ve. De ahí nace la maestría endiablada de Lubitsch a la hora de convertir al público en cómplice.

 Severamente criticado por hacer su película durante el meollo de la Segunda Guerra Mundial, rodó "Ser o no ser", una burla absoluta del nazismo, para demostrarnos que el humor es una forma de resistencia. Fue tachado de oportunista por atreverse a filmar semejante sátira en caliente, pero el tiempo, que da y quita razones, dice que es una de las mejores comedias de todos los tiempos. Lo que parecía ser una película de urgencia se ha convertido en una película de vigencia. No hay arma como el humor, una de las escasas maneras de proclamar que no le tenemos miedo al miedo. Ernst Lubitsch sabía que no se puede, no se debe, menospreciar una carcajada.


                                                                                                                                          (Publicado en La Voz de Galicia)

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