10 octubre, 2012

Vivir para gozar

 Las últimas semanas ha habido una cuaresma involuntaria de entradas debido a los ridículos menesteres laborales del que junta las letras de este blog. Mi casero tiene la extraña manía de reclamar su diezmo y el señor de Mercadona, ese cráneo privilegiado, se niega en redondo a que le pague con pieles de castor. Mis intentos de vivir como Jeremías Johnson no dan resultado.

 La película de hoy es un as en la manga. Puede que sea la comedia escondida más deslumbrante de la historia del cine. Vivir para gozar. George Cukor. 1938. Para el que esto escribe, vive un piso por encima de "La fiera de mi niña" o "Historias de Filadelfia". Películas con más galones pero con menos altura. Claro que uno nunca está seguro de nada.

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 Johnny Case llega a la casa de su prometida para conocer a su familia y descubre que es millonaria. La mansión, con sus columnas de mármol y su oropel excesivo, parece el palacio del emperador Calígula. Está poblada de seres infelices, un padre dominante que amasa dinero, un hijo alcohólico y una hija alocada de la que nadie habla. Sin embargo, esa casa tiene un corazón, lo denominan "el cuarto de jugar", una especie de refugio que guarda el recuerdo de una persona ausente y los sueños incumplidos de los hijos. La mansión ejerce de jaula de oro de esa habitación especial hasta que llega alguien que no está dispuesto a renunciar a su libertad y el influjo de ese sitio, la vida, comienza a expandirse. Ese alguien es Cary Grant, un experto en ponerlo todo patas arriba en cualquier película que aparezca. Le acompaña Katharine Hepburn, su compañera favorita de demoliciones. Cuando se juntan, generan moléculas de oxígeno. Hacen que el aire penetre en el mausoleo.

 George Cukor rueda esta historia poco después de la Gran Depresión y nos enseña acerca de la importancia extraordinaria de aprender a decir “no”. Construye una película en cuyas alforjas hay un ataque sin cuartel a una forma de vida que consiste en amontonar dinero. Y lo hace mediante el mejor vehículo crítico inventado hasta ahora: la comedia. Con un guión prodigioso que avala cualquier sonrisa, zanja de puntillas asuntos esenciales de la vida: el amor, el sacrificio que conlleva el ser fiel a uno mismo, el vivir tu vida y no la de otros. Habla de personas que se convierten en resistentes, que no se dejan embaucar por el culto a la riqueza, que plantean la risa como la última frontera tras la que parapetarse.

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